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Si hay algo que compartimos las mujeres es el amor incondicional a la no-bola. ¿Qué pasa? Nos gusta el desafío, el que se resiste no importa qué, el reto, la competencia con otras hembras, el romperse la cabeza pensando en posibles demostraciones de afecto y estrategias para alguien que es casi un caso perdido y que no repara en nada de todo esto. De más está decir que él no se tiene que dar cuenta de ninguna manera todo lo que hacemos por llamar su atención. Tampoco es cuestión de quedar como una desesperada, pero sí quizás una mínima pista que le permita acercasenos. Hasta ahí. Que sepa que le daremos bola, solo para sacarsela posteriormente, claro.Supongamos que el muchacho dueño de nuestra absoluta atención se fija en nosotras y nos da bola. Ahí cambió la cuestión. Me llama, no me deja tranquila, yo quiero salir con mis amigas y no estoy para nada serio. Me da demasiada bola. La bola tiene que tener una precisión quirúrgica: cualquier milimetro más allá del deseo femenino es un fracaso rotundo, porque demasiada bola aburre y no-bola durante mucho tiempo tiende a agotar si no se alimenta esporadicamente con simulacros de posible bola que los hombres arrojan y que dan la ilusión que la bola existe. En conclusión, a las mujeres les gusta que el hombre no le de bola en un principio pero sí posteriormente aunque no mucha porque cansa. ¿y a los hombres? QUIEN SABE ¿?